DÍA DEL MINERO – AÑO 2020

La larga geografía chilena guarda riquezas inmensurables en sus entrañas.

Ramiro Guzmán Rada- Ingeniero Civil Minas

Chile, como pocos países en el planeta, ha vivido, ha crecido y se ha desarrollado en torno a su riqueza telúrica desde los tiempos precolombinos. La historia de los indios atacameños en su búsqueda de oro y cobre, escribe las primeras páginas de la epopeya minera del país. Más tarde, a la llegada de los españoles, los lavaderos de oro otorgaron a los conquistadores lo que venían a buscar en este lado del mundo, el brillo resplandeciente de ese oro, casi despreciado por nuestros aborígenes, pero tan codiciado en los reinos de Ultramar.

Tres siglos después, cuando fuimos república y pasamos a transitar por la mitad del siglo XIX Chile llegó a ser el mayor productor de cobre del planeta. También la plata, que se extraía del mineral de Chañarcillo y el carbón en la zona de Bio Bio se alzaron como pilares de la incipiente economía.

La historia del salitre, instalada entre mediados del siglo XIX y la mitad del siglo pasado, es otra lucha titánica de más de 30.000 hombres que en nuestro norte extrajeron el oro blanco para generar un periodo de bonanza económica que hasta entonces desconocíamos. El salitre pasó a ser la llave maestra de nuestra economía, no sin antes haberse transformado en la principal causa de una guerra fratricida y dolorosa entre naciones vecinas con una historia semejante y con un destino común.

En todas estas páginas, que se han escrito con el esfuerzo del Hombre, surge la imagen palpitante del minero, ese personaje que horadando la tierra, removiendo cerros o aventurándose bajo el piso del océano, ha rescatado la riqueza mineral que hace mover el planeta y que específicamente en Chile genera el sueldo y el desarrollo del país.

Estamos frente a un personaje que aporta su especial filosofía de vida, un personaje que conmueve con su fuerza laboral y que desafía cara a cara los peligros que la naturaleza salvaje le instala como reto constante ante la hoja en blanco de cada día. Un personaje con especiales códigos de vida e importante sentido de casta y solidaridad. Un personaje que persiste en transmitir por generaciones historias fantásticas de seres mitológicos que viven en los túneles y a los cuales se les impone un respeto que sólo los hombres de la subterra saben entender.

Desde tiempos inmemoriales, creando monumentales escenarios a tajo abierto, removiendo cerros, aventurándose en lóbregas galerías, avanzando con pala y picota bajo el piso del océano, adoptando posiciones forzadas, inhalando el polvillo tóxico que constituye su enrarecida atmósfera, instalando el maderamen para prevenir derrumbes o tejiendo vías para facilitar el traslado del mineral extraído hacia la luz del sol, el minero ve pasar su vida y hace brotar la historia enriqueciendo a su patria, aunque subsistiendo bajo el riesgo de inundaciones, derrumbes, explosiones, emanaciones tóxicas e inciertas situaciones adversas que son amenazas constantes en su trabajo cotidiano.

Fresco está aún en la memoria colectiva el deslizamiento de tierras en la mina San José, del norte grande, tragedia que tuvo como protagonistas a 32 mineros chilenos y un minero boliviano, 33 hombres que en medio de su faena diaria sufrieron los efectos de un derrumbe que los hizo permanecer atrapados durante dos meses en un bolsón de aire a 700 metros bajo la superficie. En esas difíciles condiciones sobrevivieron aferrados a la esperanza de un rescate que se hacía cada vez más imposible. La experticia jamás desmentida de nuestros ingenieros obró el milagro y tras arduas maniobras los siniestrados pudieron ser traídos a la superficie, en medio de la expectación del planeta.

En el gran mapa de la minería chilena, los mineros siguen hoy escribiendo páginas gloriosas en nuestra historia laboral. La literatura también ha sido generosa para narrar sus sinsabores y dilemas. El embrujo de las galerías subterráneas, la vida de los campamentos, el sufrimiento y la gloria, se han transformado en argumentos adecuados para estimular el talento literario, así han florecido relatos en donde se ensalzan grandezas y miserias de estos hombre rudos, de estos personajes que inmersos en atmósferas agobiantes avanzan desafiantes hacia lo ignoto. Carlos Pezoa Véliz, Pedro Prado, Baltazar Castro, Salvador Reyes, Manuel Rojas, Hernán Rivera, Andrés Sabella o el gran Baldomero Lillo, han dejado en medio de su obra testimonios de la lucha cotidiana de nuestros mineros, textos que han pasado a constituirse en clásicos de nuestra literatura. Los cuentos Sub Terra y Sub Sole son el mejor ejemplo.

En este 10 de agosto, fiesta de San Lorenzo, Patrono de la Minería y fecha en que celebramos el día del minero, vaya nuestro modesto homenaje para estos trabajadores que son parte de nuestra propia historia, El país y nosotros, los profesionales y técnicos de la minería, nos sumamos convencidos a este reconocimiento.